Everybody dies

Den PLAY al video y con la pura rola sigan leyendo, por favor.

 

Estoy leyendo en Twitter una pelea entre 2 personas que son partidarios de distinto candidato a la presidencia. La pelea, es encarnizada: Ya saben, amenazas, insultos, promesas…

Y no puedo evitar recordar el capítulo del lunes de “House”.

“A cuántas personas has ayudado?” ¿Ha valido la pena vivir tu vida? ¿Has sido feliz? ¿Has hecho feliz a alguien?

Si das amor, recibirás eso. Y veo a las 2 personas, sembrando odio. Imaginense lo que recogerán después.

Está bien que tengan diferencias. Si todos fuéramos iguales, éste sería un mundo muy aburrido.

Últimamente a las personas les importa mucho la cuestión monetaria: Entre más tienes, más eres. Vengo del súper y veo a un tipo con 2 camionetas llenas de guardaespaldas. Seguro venía del Fisher’s. Dios. Posiblemente él se sienta muy hombre o muy todopoderoso. Incluso se sentirá con el derecho de matarme si lo veo feo. Pero… ¿Que cantidad de miedo lleva cargando ese pobre hombre que necesita el cuidado de 10 personas armadas? ¿Cuál es su pecado que necesita que 10 sombras se lo recuerden? ¿Sólo tener dinero? No me parece que el dinero entonces, te de libertad.

Y veo a estas 2 personas. Una, apoyando al PRI: Amenazante, intimidante, creyendo que si el candidato gana, él tendrá un puesto en su gabinete. Ojalá, ¿no? Si no es así, la persona tendrá una fuerte caida moral. Depositará su confianza en un hombre que lo utilizará. Y al haber ganado, lo desechará, imagino.

La contraparte, lo acusa de vendido. De no tener memoria. Pero… ¿que no eso eran las cruzadas? ¿La Primera y Segunda Guerra Mundial? ¿Vietman? ¿Irak? Cada conflicto armado parece que es lo mismo: Desacuerdo por creencias religiosas, por territorio o por dinero.

Y aqui, igual. Si una persona es un vendido, a nosotros, ¿que nos importa? El que gane este u otro candidato, depende de nosotros. Y si no depende de nosotros y habrá corrupción de nuevo, ¿vale la pena atacar a una persona que no sabe de ello? ¿Que no conviene atacar a la persona que genera la corrupción? ¿Porque matar al mensajero que lleva malas noticias?

Pero…

¿Porque nos atacamos? ¿Porque nos sentimos con el derecho de juzgar? ¿Porque no podemos seguir nuestro camino, disfrutarlo, vivirlo, compartirlo? ¿Porque DEBEMOS siempre ver a ver el jardín del vecino? ¿Realmente creen que es más verde que el nuestro?

Cuando nos vayamos, no nos llevaremos nada. Ni nuestro dinero, ni camionetas, ni al candidato… sólo nos quedará el recuerdo impregnado en nuestra alma de la corrupción, el miedo, la amenaza… o el amor.

“Amigo, te propongo ESCUCHAR las propuestas de otro candidato. Pero si no te convenzo, adelante. Sólo te pido no atacar ni a otro candidato ni a sus simpatizantes”

Dios. ¿Se imaginan eso? Sería el país más hermoso del mundo.

Pero, tristemente…

El virus es un organismo que llega a una hermosa y sana célula en equilibrio. Se mete en ella, inyecta su genética, mata a la célula, hace que dentro de ella nazcan más virus hasta que revienta y esos nuevos virus, libres, infectan a más células.

¿Les suena conocido?

El humano es un virus. El más horrendo de todos. Somos una enfermedad. Somos primitivos.

Estas 2 personas, son simios. Peleando por una hoja de plátano. No saben convivir, coexistir, no conocen el equilibrio. Sólo les interesa quién se quede con esa hoja. Como si esa hoja los hiciera amos del Universo.

No.

Dentro de cada uno de nosotros existe una partícula divina, mágica, pura. La cubrimos con sexo, dinero, violencia, amargura, rencor, envidia, competencia malsana. Y poco a poco, esa luz va muriendo, gritando que por favor, no la matemos.

Se llama humanidad.

Va a ser muy triste cuando el mundo se acabe. O cuando la humanidad se acabe. Porque teníamos todo el potencial para hacer de este, el mundo más maravilloso. Pudimos tener de nuevo el Edén en la Tierra. Pudimos compartir. Pudimos amar.

Pudimos esperar a que una anciana cruzara la calle, en lugar de tocarle el claxon para que se apurara. Pudimos llevarla a su destino.

Pudimos darle comida a un vagabundo. O ropa, o dinero, en vez de burlarnos de él.

Pudimos ceder el asiento a una dama. Pudimos salvar a un cachorro de la lluvia, darle hogar y hacerlo nuestro mejor amigo. Pudimos no tirar basura en la calle. Pudimos haber dejado de fumar. Pudimos dejar de ver lascivamente a una mujer, en inicio. Luego, defenderla de otras miradas lascivas.

Pudimos cambiar. Pudimos haber sido más.

Pudimos ayudar, amar, crecer, aprender. Hacer sonreír a un amigo. Llamar a esa amistad que hace mucho no vemos. Leer el libro que quisimos. Decirle a nuestros abuelos que los quisimos mucho. Pudimos plantar un árbol, en lugar de derribarlo. Pudimos respetar.

Pero… Elegimos el camino fácil.

Y cuando estemos a punto de morir, nos arrepentiremos. Pero habrá sido muy tarde. Ya no podremos hacer nada. Sólo… desear.

Ojalá pudiéramos cambiar. Ojalá pudieramos ser mejores.

Ojalá esa lucecita pudiera vivir por siempre. Ojalá pudiera hacernos entender que podemos ser lo peor de este mundo… o lo mejor de él.

Namasté: La luz dentro de mi, reconoce la luz dentro de ti.

Ojalá pudiéramos conectarnos.

Ojalá pudieramos dejar de matarnos entre nosotros y empezar a vivir. A vivir.

Ojalá estuviéramos vivos.

Pero… todos morimos. Y esa luz, espero que la podamos transmitir a otras generaciones o personas para que aprendan de ella.

“No fui lo máximo. Espero tu, puedas serlo. Aprende de mi. No seas como yo. Se mejor que yo”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Recuerdo “American Beauty” y no puedo sonreír ligeramente y decir lo mismo…

Se que no lo van a entender. Pero no se preocupen…

 

Algún día… lo entenderán.

Todos morimos. Sólo unos pocos. Unos muy pocos cuantos, vivimos realmente.

 

Ojalá…

 

 

Ojalá…

 

 

 

 

Ojalá.

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